¿SALVAR LO HUMANO O  SUPERAR  LO HUMANO?

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Vivimos simultáneamente en  tres mundos: el físico, el intelectual y el espiritual; en tres niveles en permanente interacción: el nivel consciente, que es del  “darnos cuenta” de lo que sucede en nuestra vida cotidiana; el nivel subconsciente, baúl de secretos íntimos que ni queremos saber, y  tan bien guardados que olvidamos tenerlos, aunque siguen actuando en nuestra vida cotidiana como nos reveló hace mucho el psicoanálisis. Y por último el nivel de conciencia, que califica la bondad o maldad de lo que hacemos: el “darnos cuenta” ético o moral.

Cada alma influye en la salud o enfermedad  del cuerpo físico y en el mundo de los pensamientos y emociones según su evolución espiritual, y de ahí el dicho de que la cara es el espejo del alma.  A la vez, cada pensamiento y cada sensación son energías que influyen en el alma, aportando luz o sombras, y por eso se dice que el alma es “el libro de la vida”. Contiene lo que vamos escribiendo en cada una de nuestras existencias limpiando o emborronando sus páginas o capas según actuemos a favor o en contra de las leyes divinas del amor a Dios y al prójimo, como enseña el cristianismo originario. 

Mostrado  el equipaje de  nuestro ser y estar en este mundo, ya podemos afirmar que nunca estamos satisfechos  como especie y siempre andamos buscando; que ese estado de búsqueda  es una de las causas de nuestros avances en algunos terrenos, en especial en el científico y tecnológico, que es el más visible. Lo determinante es hacia dónde dirigimos nuestras búsquedas.¿ Nos interesa salvar nuestro ego, o salvar nuestra alma?

¿Qué queremos salvar?…Señas de identidad

Queremos salvar lo humano hasta el punto que  hay quien aspira a la inmortalidad física, pero olvidando lo más sutil  en nosotros y la inmortalidad del alma. Porque  debajo de esta cubierta corporal externa, en el mundo de lo invisible personal, de lo sutil,  subyacen búsquedas  más profundas como la de la felicidad y el sentido de la vida, que son nuestros grandes retos como especie con consciencia de sí misma. Y aquí descubrimos que  si en lo material se han conseguido avances , no podríamos decir lo mismo de lo espiritual, relacionado con la felicidad y el sentido de la vida. Esto ha puesto en jaque los valores de la conciencia, hasta el punto de hacer difícil para muchos establecer la frontera que separa al bien del mal. El relativismo moral y la inconsciencia funcional son señas de identidad de nuestro mundo.

El  dichoso  materialismo

El materialismo ha invadido casi todas las esferas de la vida del hombre contemporáneo, hasta el punto de que con frecuencia olvida su condición espiritual, o la obvia  aunque de ella depende su vida en todos los aspectos. Y este olvido ha producido a nivel global enormes dosis de infelicidad y desconcierto vital que se han intentado mitigar con placeres pasajeros de todo tipo y con bienestar material a toda costa y a todo coste. De resultas, el egocentrismo con su  individualismo,  y la competitividad con sus luchas por prevalecer sobre otros  reinan en la vida cotidiana y en la organización del mundo sobre valores más elevados como altruismo, y cooperación, que son valores esenciales para el progreso pèrsonal y social.

El empeño por más bienestar, mejor tecnología de esto o lo otro, mejores servicios de salud y educación puede ser saludable si no se convierte en el sentido de nuestra vida y no perjudica a la naturaleza ni a otros. Si  uso un teléfono móvil por necesidad, es una cosa distinta a la de cambiar de móvil cada vez que me parezca, pues este aparato funciona con un mineral que se extrae con mano de obra semi-esclava, niños incluidos. Si preciso de un automóvil no debería  desear otro mientras este funcione y tampoco usarlo para trayectos que puedo hacer fácilmente a pie o en transporte público. Si me preocupa mi salud, es mi obligación conservarla lo mejor posible con pensamientos positivos, ejercicio adecuado  y dietas vegetarianas o veganas para evitar enfermar, pero también que maten animales, evitar  trabajo al personal sanitario y evitar gastos a la sanidad  pública que pueden ser usados en mejorar otros servicios. Y si me preocupa la educación de mis hijos es altamente necesario acordar con sus profesores el modo de trabajar conjuntamente para que no haya divorcio educacional  entre la casa y la escuela. Estos son algunos ejemplos sencillos y cotidianos, pero dan ideas acerca de lo necesario que resulta establecer una jerarquía de valores también en lo material  y colocar en segundo lugar las comodidades  y los deseos materialistas ante lo necesario, solidario y útil mientras protegemos al mundo animal de la esclavitud, del  horror de las granjas y del horror de la muerte en manos del carnicero.

El  Maestro Jesús en Su Sermón de la Montaña- señas de identidad del cristianismo-  nos propone todo un programa de cambios que conducen a superar lo humano, que es el modo de salvar no solo nuestras almas, sino nuestra civilización.

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