¿Qué sigue para Morena?

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Por Rita Balderas[1]

Un partido político es una moneda de dos caras. Una mira hacia adentro y la otra lo hace hacia el poder. La interna, constituye la estructura burocrática, lo que comúnmente se conoce como maquinaria, elemento que sirve para la conquista de poder. La maquinaria del partido también denominada “estructura partidista” permite identificar la capacidad de adaptación y de evolución de un partido y las herramientas con las que éste cuenta para ganar elecciones.

La estructura partidista son los engranes que hacen posible su relación con los electores, la estabilidad con la que logra establecer los mecanismos de selección de candidatos y de dirigentes. En pocas palabras, la maquinaria es el factor clave para explicar la fuerza y la eficacia de un partido político.

¿Para para qué sirven estos engranes? Para algo tan simple como “funcionar”, es decir, organizarse, tomar decisiones, establecer reglas, llegar a acuerdos, fortalecerse, ser competitivo, no depender de liderazgos, lo más importante, institucionalizarse.

Para estructurar una maquinaria es necesario considerar tres elementos: a) el rol que juegan sus militantes, si todos deciden o si la militancia sólo es un medio para legitimar decisiones que toma un selecto grupo; b) el tipo de articulación es decir, si es un partido horizontal en el que todos los integrantes tienen los mismos derechos en tanto hay igualdad o si hay una articulación vertical en la que hay más bien un proceso de subordinación; y por último, c) la descentralización o centralización, que tiene que ver con la repartición de poder entre todos los  miembros que integran al partido. Todo esto se reduce a establecer si todos tienen voz y voto al momento de tomar decisiones, o si son unos cuantos los que marcan el rumbo.

Quizá Yeidckol Polevnsky debería tomar en cuenta estos elementos, pues de seguir así, el partido va directo a la derrota electoral. Tras dos años de permanecer al frente, la morenista no ha logrado organizarlo y fortalecerlo por dentro. Hasta ahora, se ha dedicado a culpar a personajes externos por la falta de un padrón actualizado y la violencia en las asambleas distritales, cuando en realidad garantizar la depuración y actualización del padrón y mantener el orden en todas las partes del partido, eran dos de sus principales tareas. ¿Dónde estuvo estos dos años Polevnsky? ¿Haciendo qué?

Luego de que el pasado 30 de octubre, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) anulara por unanimidad el proceso de selección de dirigente de Morena, el panorama para esta organización anticipa la debacle. ¿Por qué? porque Morena no tiene estructura interna y sin ésta, depende del liderazgo de Andrés Manuel López Obrador, y sin él, este partido es sólo un cascarón vacío.

En las últimas semanas, el presidente AMLO ha tomado distancia del proceso de renovación de la dirigencia de Morena. Algunos medios aseguran que es porque se encuentra molesto al ver la guerra al interior de su partido, pero otros afirman que esta lejanía es porque sabe que, sin él, la organización irá en picada y eso podría darle la oportunidad de crear una nueva organización, a su gusto.

Por ello, la institucionalización de Morena es una tarea que ya no puede postergarse. Retrasar el proceso de selección de dirigente no abona, al contrario, atrasa los tiempos para la formación de una estructura interna que le permita ser competitivo y refrendar el título que se ganó en 2018 al aparecer como una poderosa maquinaria electoral.

La decisión del TEPJF no tiene sentido. Toda organización partidista tiene estatutos, que son los que dotan de sentido las decisiones y los que norman la vida interna, el hecho de ir contra ellos, y de dejar ciertas decisiones en manos de una autoridad electoral sólo enrarece y confunde más a la militancia. Legalmente no está estipulado que alguna institución externa definan criterios para elegir candidatos a puestos de elección popular ni a dirigentes, esa es tarea exclusiva de cada partido político. ¿Para qué meter al TEPJF, entonces?

El 31 de octubre de 2019, mediante un oficio, Bertha Luján Uranga, anunció que regresa a presidir el Consejo Nacional de Morena. ¿Podrá revertir el escenario? Yeidckol Polevnsky ha evitado dar entrevistas a los medios de comunicación e incluso en la toma de protesta de Jaime Bonilla Valdez como gobernador de Baja California, entró y salió por la puerta trasera. ¿De quién se esconde?

Lejos de abonar al debate de manera constructiva, Tatiana Clouthier ha utilizado espacios informativos para lanzar fuertes críticas contra Luján Uranga al asegurar que su familia concentra demasiado poder. ¿Se le olvidó quien era su padre y quiénes son sus hermanos?

En Morena no logran ponerse de acuerdo. Lo ganado en las elecciones de 2018 y lo poco que logró avanzar en 2019, pende de un hilo. Si Yeidckol Polevnsky se mantiene en la dirigencia y el encono y la división en el partido se prolongan, no quedará más que sentarse a esperar el revés que recibirán de los ciudadanos, quienes no dudarán ni un segundo en castigar al partido en el que ciegamente creyeron. Ante esto, Morena no tendrá con qué reaccionar, el tiempo se le habrá ido.

¿A qué le apuestan los militantes que defienden la reposición del proceso de renovación de dirigente? ¿A qué le apuestan los que han encabezado la violencia en las asambleas distritales? ¿Todo esto es la estrategia de Polevnsky para justificar su permanencia en la Secretaría General? ¿A Yeidckol le conviene dirigir un partido que va directo al precipicio? ¿Qué van a hacer Mario Delgado y Alejandro Rojas Díaz Durán? ¿Qué quiere la mayoría de la militancia?

¿Qué sigue para Morena?

[1] Doctora en Ciencias Sociales y Humanidades por la Universidad Autónoma Metropolitana-Cuajimalpa, México.

 

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